domingo, 5 de marzo de 2017

Combates en norte de Siria dejan casi 66.000 desplazados: OCHA

La OCHA teme por la vida de estos desplazados, expuestos a las bombas y a los artefactos que no explotaron diseminados por Daesh en zonas del país árabe.
Al-Bab, dominada hasta hace poco por el grupo terrorista Daesh, ha sido devastada debido a la guerra.

Unas 66.000 personas huyeron de sus hogares producto de los combates que se desarrollan en el norte de Siria, informó este domingo la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA por su sigla en inglés).
"Esta cifra incluye cerca de 40.000 personas desplazadas de al-Bab y de la vecina ciudad de Tadef y otras 26.000 procedentes de las localidades del este de al-Bab", señaló la OCHA en una nota publicada en su portal web.
Aunque la operación de al-Bab terminó el 23 de febrero pasado con la toma de la ciudad por grupos armados apoyados por el Ejército turco, según el comunicado, las hostilidades al este se intensificaron dos días más tarde.
Al-Bab era un importante feudo del grupo terrorista autodenominado Estado Islámico (Daesh en árabe) en el norte de Siria, que fue reconquistado por las fuerzas turcas y grupos armados sirios aliados el 23 de febrero, tras semanas de intensos enfrentamientos.
La OCHA indicó que la elevada cantidad de minas y otros explosivos sin detonar en la zona "es uno de los principales desafíos que enfrentan los civiles a su regreso y los organismos humanitarios que procuran responder" a la situación.
"Como la situación sobre el terreno sigue siendo inestable, las prioridades humanitarias incluyen garantías de todas las partes a la libre circulación de los civiles, la facilitación de las actividades civiles de desminado y el acceso irrestricto de los organismos humanitarios y sus asociados", apunta la nota.

Museo de Nueva York abre exposición en rechazo a la islamofobia

Las fotos de los musulmanes en Nueva York presentan de nuevo la idea de que "la inmigración y la diversidad" promueven la evolución en la ciudad, indicaron desde el centro artístico.
"El papel de los inmigrantes de los países de mayoría musulmana está siento examinado e incluso desafiado", dijo el director de la exposición.

El Museo del estado de Nueva York, en Estados Unidos, respondió ante el decreto islamófobo del presidente de ese país Donald Trump, y abrió una exposición de fotografías de archivo sobre musulmanes llamada Muslim in New York (Musulman en Nueva York).
Trump prohibió la entrada a EE.UU. de refugiados e inmigrantes y suspendió los visados a nacionales de siete países árabes de mayoría musulmana. 
Ante esta situación, la institución dedicada al arte inauguró esta exposición fotográfica el 18 de febrero sin fecha de clausura.
Ed Grazda, Gawsiah Jame Masjid, Astoria, Queens, NY, 1997. Fuente: Mcny

"Esta instalación especial se produce en un momento en que el papel de los inmigrantes de los países de mayoría musulmana está siento examinado e incluso desafiado a nivel nacional", dijo el director de la sección de fotos del museo, Whitney Donhauser. 
"Nuestra rica colección, iniciada en la década de 1930 y que ha ido creciendo cada año, habla elocuentemente de la enorme diversidad de nuestra ciudad y de las múltiples formas en que la inmigración y la diversidad religiosa enriquecen y benefician a Nueva York, la ciudad por excelencia de los inmigrantes. Estamos orgullosos de mostrar estas hermosas imágenes de musulmanes como parte de esa historia", añadió Donhauser. 
Robert Gerhardt, Young Basketball Player in the Park before Friday Prayers, Brooklyn, NY, 2011. Fuente: Mcny

Las fotografías de la exposición pertenecen a los siglos XX y principios del XXI. Las imágenes del fotógrafo Ed Grazda provienen de su proyecto Nueva York Masjid: Las mezquitas de la ciudad de Nueva York, que emprendió en respuesta a la islamofobia desatada después del primer ataque al World Trade Center en 1993.
Las fotografías de Mel Rosenthal de musulmanes árabes de Nueva York a principios de los años 2000 fueron encargadas para la exposición Una comunidad de muchos mundos: los árabes americanos en Nueva York (2002). 
La mezcla de razas en Nueva York "produce un ambiente creativo que convierte la ciudad en un centro de innovación en las artes, los negocios, la ciencia, la política y el desarrollo urbano durante más de cuatro siglos", informaron desde el museo. 
Las fotos de los musulmanes en Nueva York presentan de nuevo la idea de que "la inmigración y la diversidad han sido y siguen siendo centrales en la evolución y el resurgimiento de nuestra ciudad", añadieron las autoridades del museo.
fuente: TeleSur

martes, 14 de febrero de 2017

Antes del muro: la vida en la frontera entre Estados Unidos y México

En la frontera entre Estados Unidos y México ya existe un muro con una extensión de 1126 kilómetros que pasa por los desiertos de Sonora.
Y, más hacia el este, hay estructuras de acero pesadas que cortan los largos kilómetros de extensiones de hierba como las marcas de un campo de batalla. En Texas, las vigas rojizas que forman parte de la valla fronteriza son frías, duras y ásperas al tacto. En Tijuana, dos vallas —una vieja y otra más reciente— se sumergen hasta el océano, donde las olas corroen el metal.
CALIFORNIA
ARIZONA
NEW MEXICO
Phoenix
San Diego
TEXAS
Houston
El Paso
Austin
Currently fenced
sections of border
Tucson
Ciudad
Juárez
Tijuana
San Antonio
Nogales
PACIFIC
OCEAN
U.S.
MÉXICO
BAJA
CALIFORNIA
GULF OF
MEXICO
Guerrero
Chihuahua
Hermosillo
Brownsville
Hidalgo
SONORA
COAHUILA
CHIHUAHUA
Reynosa
Monterrey
NUEVO
LEON
TAMAULIPAS
The New York Times | Datos de la valla fronteriza, vía Reveal, from The Center for Investigative Reporting
La frontera se extiende por más de 3057 kilómetros a través de cuatro estados: California, Nuevo México, Arizona y Texas. Donde ya existe una valla, la tierra y la hierba que la rodean cuentan las historias de quienes tratan de cruzarla, los que la patrullan y quienes viven junto a ella.
Hay viejos teléfonos celulares entre las vigas. Bolsas de plástico con pasta y cepillos de dientes. Ropa desechada. Semillas de girasol dispersas, escupidas por los agentes de la Patrulla Fronteriza que se sientan en sus vehículos mientras vigilan el territorio.
A unos 40 kilómetros de Ciudad Juárez, la barda de malla metálica termina abruptamente, como un pensamiento inacabado. El resto de la frontera está demarcado por el río Bravo. Sin embargo, cientos de kilómetros en la zona rural de Texas, incluyendo el Parque Nacional Big Bend, no están cercados y carecen de barreras o muros artificiales.

domingo, 22 de enero de 2017

Más de 750,000 participan en Los Ángeles en Marcha de las Mujeres

Más de 750,000 participan en Los Ángeles en Marcha de las Mujeres
Desde temprana hora del sábado, miles de hombres y mujeres de todas las edades ya abrigaban el parque de Pershing Square, dándole inicio al Women’s March con sede en Los Ángeles, la marcha hermana de la nacional que este mismo día se dio en Washington D.C.
Y mientras que solo se anticipaban alrededor de 150,000 participantes, las cifras oficiales que arrojaron los organizadores de la marcha aumentaron en un 500%: más de 750,000 personas se congregaron en el centro angelino para marchar en contra de Donald Trump.
Se suponía que los manifestantes marcharían desde Pershing Square a partir de las 10 a.m. hacia el ayuntamiento de la ciudad. Para eso de las 11 a.m., desde la calle Temple hasta la calle 8th, entre las calle Broadway y más allá de la Olive, cientos de miles de personas en busca del trato igualitario abordaban las calles, todos marchando a su son.
La marcha en Los Ángeles fue una de las más grandes a nivel nacional
 
Algunos arremetían directamente contra el nuevo presidente, con carteles de “No es mi presidente” y “Pussies grab back”, en referencia a los comentarios sexistas que salieron a la luz durante la campaña electoral. Otros exigían el respeto a los derechos de toda minoría.
Y no faltó la comunidad latina, que no solo llegó para defender a inmigrantes, sino a todos los presentes.

Ana Flores, de 24 años, marcha de la mano de su compañera para pedir se respeten los derechos de inmigrantes y de la mujer. (Foto: Joanna Jacobo/La Opinión)
Ana Flores, de 24 años, se cuenta entre los afortunados que ahora son ciudadanos y que no nacieron en EEUU, sino en un país latinoamericano. Y precisamente porque conoce el pesar de una persona indocumentada, se unió a la marcha de hoy, para exigir que no se ignoren los derechos de estas personas. “Somos tantos, y solo espero que [Trump y su administración] tomen nota de esto. Queremos un cambio”, dijo Flores con pancarta contra el odio en mano.
Por otro lado, Ricardo Galvez, quien acompañaba a un par de familiares y amigas durante la procesión del sábado recalcó la importancia de mostrarse solidario con los derechos de las mujeres. “Sí, las mujeres son quienes están al frente de este movimiento, pero estamos aquí para apoyarlas”, comentó Galvez.
Ricardo Galvez, acompañado de amigas y familiares durante la Marcha de Mujeres en Los Ángeles. (Foto: Joanna Jacobo/La Opinión)
Ricardo Galvez, acompañado de amigas y familiares durante la Marcha de Mujeres en Los Ángeles. (Foto: Joanna Jacobo/La Opinión)
“Por la unidad, solo así podremos avanzar”.
Frente al ayuntamiento se dieron discursos por parte de grandes celebridades, de la talla de Ariana Grande y Jane Fonda, e incluso el alcalde Eric Garcetti y la supervisora Hilda Solís animaron a la comunidad angelina con unas palabras.
Metro, por su parte, registró graves demoras en su servicio de trenes desde temprana hora.
“No esperábamos a tanta gente”, confesó Kim Upton, vocera de Metro a La Opinión. Lo cierto es que la agencia de transporte se había preparado para suplir transporte a los 150,000 esperados. Pero para las 9 de la mañana, estaciones en el sur de Los Ángeles, North Hollywood y Union Station registraban vagones saturados y manifestantes varados. Metro ha estado actualizando a sus pasajeros al minuto por medio de Twitter sobre la operación de sus líneas, especialmente, la Roja, Azul y Dorada. Pero para las 3 de la tarde aún se registraban bastantes demoras, pese que se sumaron mas trenes.
No se registraron disturbios, contrario a acontecimientos ocurridos un día previo durante toma de posesión de Donald Trump.

viernes, 13 de enero de 2017

RECLAMOS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

Lo que reproducimos aparece en el CELS (centro Legales y Sociales) y es como están presentando el justo reclamos d elos pueblos originarios,  desde el gobierno. Los presentan como una amenaza sin informar qué está sucediendo con las tierras de ese lugar.
Desde los medios de comunicación poco se ha informado y los organismo de DH están tratando de intervenir

sábado, 7 de enero de 2017

Esta mejorando El Salvador?





por Roberto Valencia

MARYLAND —El Salvador, el pequeño país centroamericano de 20.000 kilómetros cuadrados y seis millones y medio de habitantes, cerró 2016 con 5.278 asesinatos. Un promedio de 14 al día. Una tasa de 81 homicidios por cada cien mil habitantes. Ocho veces superior al límite que Naciones Unidas fija para establecer que una sociedad sufre epidemia de violencia.
A pesar de estos números, el gobierno lleva semanas hablando de éxito en su estrategia de combate a la criminalidad. “Las medidas extraordinarias implementadas por mi gobierno están dando resultados positivos”, dijo el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, en su discurso de fin de año.
El gabinete de seguridad se aferra al clavo ardiente de que en 2015 las cifras fueron más terroríficas —una tasa de tres dígitos— para inflar un discurso triunfalista que está en las antípodas de lo conveniente para una sociedad herida y traumatizada. Sin embargo, lejos de la idea que sus asesores de comunicación quieren diseminar, el combate frontal a las maras no está sino agravando y dilatando los problemas de convivencia social arrastrados durante décadas.
El bienio 2015-16 es el más mortífero desde que inició el siglo: casi 12.000 asesinados. Tendrían que haber matado a 80.000 personas en Argentina, a 234.000 en México, o a 593.000 en Estados Unidos para igualar la tasa salvadoreña.
El bienio sangriento calza a la perfección con la estrategia belicista del gobierno de Sánchez Cerén, que tiene su arranque simbólico el 5 de enero de 2015, con un discurso en el cuartel central de la Policía Nacional Civil en el que el presidente rechazó “volver a negociar con las pandillas” y anunció una política de persecución y castigo. Dicho así suena enérgico y bien intencionado, pero luego se reveló que apenas un año atrás, su partido, el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), al más alto nivel —y bajo la mesa— había negociado con las maras contraprestaciones a cambio del voto de las decenas de miles de pandilleros y de sus familiares.
Conviene consignar que en 2012 y 2013, durante la fase más exitosa de la negociación entre el gobierno anterior y las pandillas, un proceso conocido como la Tregua —también oscuro y mal manejado, pero monitoreado por la Organización de Estados Americanos—, la cifra de asesinados bajó a unos 2.500 cada año.
Las maras no son la única expresión de la violencia en El Salvador, pero sí la más cruda, publicitada y la que más víctimas genera. En marzo de 2012, cuando las tres pandillas dominantes —Mara Salvatrucha-13, 18-Revolucionarios y 18-Sureños— se involucraron en la Tregua, los homicidios cayeron un 60 por ciento de la noche a la mañana, literalmente. Entonces se cifró en 62.000 la cantidad de pandilleros activos, con un colchón social de unas 500.000 personas, integrado por familiares, novias, colaboradores y simpatizantes. Un 8 o 9 por ciento de la población.
Más allá de los números, lo que hace de las maras un fenómeno único en el mundo es su asfixiante control territorial y social. En centenares de colonias y cantones que la debilidad del Estado les permite controlar, por lo general los más empobrecidos, los mareros determinan quién entra, dónde estudian los niños, qué ropa puede usarse, quiénes pagan renta, y hasta qué familiares llegan al velorio cuando un vecino fallece. No hay señal de que esas estructuras de terror, sintetizadas en la hollywoodense frase “ver, oír y callar”, se hayan debilitado tras dos años de represión brutal.
A corto y mediano plazo, la estrategia actual del gobierno no invita al optimismo. Los números 13 y el 18 se importaron desde California hace un cuarto de siglo, pero las maras como fenómeno, la dimensión alcanzada, son consecuencia de las condiciones estructurales que ofrece la sociedad salvadoreña: la pobreza, la desigualdad y la exclusión, ejemplificadas en empresarios reticentes a pagar a un cortador de caña 200 dólares mensuales en un país en el que un litro de leche cuesta 1.30 dólares; la debilidad institucional y un sistema político partidario empeñado en perpetuarla; el histórico uso de la violencia para resolver diferencias, tanto políticas como personales; y un clasismo latente del que nadie quiere hablar, con familias clasemedieras que pagan al día 12 dólares o menos a las mujeres que limpian sus casas y cuidan a sus hijos.
Incluso si la persecución y el castigo debilitaran las maras, nada indica que el escenario resultante vaya a ser mejor. El Estado salvadoreño, con el aplauso o la indiferencia de la ciudadanía, ha hecho a un lado los derechos humanos en su guerra a las pandillas, al más puro ‘Duterte style’. Se está resucitando y tolerando la idea, propia de décadas no tan remotas, de que es legítimo tomarse la justicia por cuenta propia. En dos años, la Policía y las Fuerzas Armadas han matado a más de 900 personas en operativos, hechos que presenta como “enfrentamientos”. Investigaciones periodísticas y de organizaciones no gubernamentales, sin embargo, han evidenciado que las ejecuciones extrajudiciales son práctica habitual y que los ejecutados en ocasiones ni siquiera son pandilleros. Ni un solo policía o soldado ha sido condenado.
David Morales, exprocurador de Derechos Humanos, se atrevió a denunciar apenas un puñado de casos. Lo destituyeron. Su sucesora, Raquel Caballero, accedió al cargo en septiembre con la venia de todas las fuerzas políticas que impulsan la estrategia represiva, y se ha sumado al coro de instituciones que actúa como si el elefante de las ejecuciones y los abusos no existiera. “Respaldamos las medidas extraordinarias, por el mismo clamor de la población”, dijo Caballero el 22 de diciembre.
Guillermo Gallegos, actual presidente de la Asamblea Legislativa, dinamizó su carrera defendiendo la pena de muerte. En la sociedad más violenta del mundo, da votos tuitear “muerte a los mareros” o “pasó lo que queríamos que pasara” el día en que un motín carcelario se salda con 14 pandilleros muertos. Por el contrario, es un suicidio político —y social— exigir que los policías respeten los derechos humanos, plantear mejoras en las cárceles tendientes a la reinserción, o sugerir soluciones al problema que incluyan el diálogo directo y sobre la mesa con los pandilleros.
Hace dos décadas, Colombia tenía tasas de homicidios similares a las que hoy presenta El Salvador. Las han reducido a un tercio. Fortalecer el Estado de derecho y fomentar el diálogo transparente parecen ser apuestas seguras, pero el Estado y la sociedad salvadoreñas prefieren, hoy por hoy, seguir caminando en sentido contrario.

domingo, 20 de noviembre de 2016

Más de 800 periodistas han sido asesinados en 10 años

    Latinoamárica es la segunda región más peligrosa para ejercer el periodismo.

    Latinoamárica es la segunda región más peligrosa para ejercer el periodismo. | Foto: Archivo

    Publicado 16 noviembre 2016
    Al menos 827 periodistas fueron asesinados en la última década según el informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por su sigla en inglés) por la Seguridad de los Periodistas y el Peligro de la Impunidad presentado este miércoles.
    El informe de 2016 resume los asesinatos de periodistas condenados en los años 2014-2015, así como un análisis de los ocurridos en los últimos 10 años, entre 2006 y 2015.
    El reporte, que se publica cada dos años desde 2008, es elaborado por decisión de los 39 estados miembros del Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación (PIDC) de la Unesco.


    Estados árabes con el mayor número de asesinatos

    Entre  el período 2014-2015, la directora General de la Unesco condenó el asesinato de 213 periodistas. El 2015 se registraron más asesinatos de periodistas en los últimos 10 años, con un total de 115.
    En 2014, la Unesco registró 98 casos de asesinatos de periodistas.
    En el análisis por regiones, los estados árabes registraron el mayor número de asesinatos de periodistas en los últimos dos años, 36,5 por ciento del total de los casos (78 asesinatos). Los conflictos que ocurren en la República Árabe Siria, el Iraq, el Yemen y Libia son la principal causa.
    Leve aumento de las muertes de mujeres periodistas

    En el análisis en función del sexo, los asesinatos de los periodistas en 2014-2015 reflejan que al igual que en anteriores años, los asesinatos de periodistas hombres superan por mucho a los asesinatos de mujeres (195 hombres y 18 mujeres).
    Esta diferencia se puede explicar por el hecho de que menos periodistas mujeres ejercen su labor en zonas de conflicto.
    Foto: Archivo

    Aumento del número de periodistas de medios digitales asesinados en 2015

    En el año 2015 se presentó un pronunciado aumento el número de periodistas de medios digitales asesinados, con un caso de 21 casos (18 por ciento) en comparación con solo dos en 2014.
    De estos casos, la mayoría de los periodistas y blogueros eran de origen sirio, quienes ejercían labores periodísticas en el conflicto de ese país.
    Por otra parte, la mayoría de los periodistas asesinados durante el 2014-2015 trabajan en televisión mientras que casi todos los años de la última década, los más afectados eran los periodistas de medios escritos.
    Foto: Archivo
    Periodistas locales los más afectados

    Un 90 por ciento de las víctimas son periodistas locales. Para el año 2014 hubo un aumento del número de periodistas extranjeros asesinados, con 17 casos en comparación a un promedio de 4 en años anteriores.
    En cuanto a los periodistas independientes, analistas coinciden en que suelen estar más expuestos ya que frecuentemente cuentan sin la protección adecuada y se consideran el grupo más vulnerable del sector de los medios de comunicación. Un total de 40 periodistas independientes o periodistas ciudadanos fueron asesinados en el período 2014-2015, lo que representa el 19 por ciento del total de los casos. 
    Mayores asesinatos en zonas de conflicto

    De acuerdo con estadísticas de Unesco sobre periodistas asesinados en el período 2014-2015, gran parte de los asesinatos ocurrieron en países en los que había conflictos armados. Hubo un total de 126 casos, es decir un 59 por ciento del total.
    El informe de la Unesco indica que el año 2015 reflejó un incremento del número de asesinatos a periodistas.